miércoles, 11 de febrero de 2015

TIEMPO DE CUARESMA - DIOS HACE SU ALIANZA CON NOSOTROS

Una meditación para el primer domingo de cuaresma a partir de los textos de la liturgia.



Leamos con mucha atención el texto del Génesis 9,8-15
8 Dios dijo a Noé y a sus hijos: 9 –Yo hago MI alianza con ustedes y con sus descendientes, 10 con todos los animales que los acompañaron: aves, ganado y fieras; con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra.
11 Hago MI alianza con ustedes: El diluvio no volverá a destruir la vida ni habrá otro diluvio que destruya la tierra. 12 Y Dios añadió: –Ésta es la señal de la alianza que hago con ustedes y con todos los seres vivientes que viven con ustedes, para todas las edades:13 Pondré MI arco en el cielo, como señal de alianza con la tierra. 14 Cuando yo envíe nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco, 15 y recordaré MI alianza con ustedes y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes. 16 Saldrá el arco en las nubes, y al verlo recordaré la alianza perpetua: Alianza de Dios con todos los seres vivos, con todo lo que vive en la tierra. 17 Dios dijo a Noé: –Ésta es la señal de la alianza que hago con todo lo que vive en la tierra.
Remarquemos la palabra alianza, una de las más repetidas en la Biblia y en este pasaje. Aparece tres veces precedida de un posesivo: mi alianza. Si nos fijamos bien en este texto no se habla de la alianza de la otra parte.
Casi siempre cuando hablamos de alianza viene a nosotros la idea de un pacto bilateral, dos que se comprometen. Observando el texto del Génesis vemos que es más bien un acto unilateral, es Dios quien hace alianza, es su alianza.
En el antiguo Oriente los soberanos hacían alianza, sus alianzas, en la que se comprometían sus vasallos a seguir ciertas reglas en favor del soberano.
La alianza entre Dios y nosotros no tiene analogías. Dios hace y redacta su alianza, da los signos de su alianza, estipula como ha de ser su alianza pero en fin de cuentas en esa alianza quien sale comprometido es únicamente él, y todo a favor de la otra parte.
Dios hace su alianza, pone los signos para que él mismo se recuerde. Y la extiende a todos los seres vivientes. Nuestro Dios es un Dios que no pide nada a cambio, no pide sacrificios para recordar sus propósitos, su amor y su misericordia son gratuitos.
Continuando con Mc 1,12-15, encontramos un texto en el que Jesús nos pone de presente que tenemos una responsabilidad frente a un Dios que es ante todo Padre, es un débito para corresponder a la Alianza de Dios, sintiéndonos también garantes y haciéndolo de manera voluntaria.   
12 Inmediatamente el Espíritu lo llevó al desierto, 13 donde pasó cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía con las fieras y los ángeles le servían. 14 Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios. 15 Decía: —Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Arrepiéntanse y Crean en la Buena Noticia.
Vivir con fieras y ángeles a su servicio, dos fuerzas una salvaje y otra angelical, una fuerza bruta y otra más suave. Podríamos leerlo como la capacidad de Jesús para mantener el equilibrio en su existencia. De aquí surge la fortaleza para iniciar su misión de predicación con un doble llamado: arrepentimiento y fe.
Dos actitudes presentes en Jesús. El arrepentimiento, bíblicamente la techouvá, es la capacidad para retornar, para entrar dentro de sí y optar por caminar con Dios. Y creer en la Buena Noticia es la consciencia clara que el pertenecer al Reino de Dios es la mejor de las opciones que podamos hacer.
Jesús pone de presente que para acoger la Alianza que Dios quiere hacer con nosotros y vivirla en plenitud lo único que debemos hacer es retornar al Padre y creer en quien anuncia la Buena Nueva: Jesús el Mesías.    
Para la reflexión:
&  Dios quiere hacer alianza conmigo. ¿Cómo me siento frente a esta invitación?
&  Aunque El no me pida nada a cambio, ¿Cómo respondo?
&  ¿Somos conscientes de nuestras fieras y nuestros ángeles para equilibrar nuestra existencia?
&  ¿Qué significa para mí iniciar este tiempo de Cuaresma retornando en mi mismo y creyendo en la Buena Nueva del mensaje de Jesús?
 

martes, 16 de diciembre de 2014

¡NAVIDAD: ATENTOS PARA ENCONTRAR LA SEÑAL!


Un ángel del Señor se les presentó. La gloria del Señor los cercó de resplandor y ellos sintieron un gran temor. El ángel les dijo: —No teman. Miren, les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un comedero. Lc 2,9-12.
 
La maravillosa señal que el mensajero anuncia a los pastores es fácil de hallar: un niño, envuelto en pañales y acostado en un comedero. Pero quizás difícil de comprender pues ofrece tres dimensiones del Emanuel, Dios entre nosotros: la vulnerabilidad de un recién nacido, su humanidad entre pañales y su entrega como alimento en el comedero. ¡La señal se encuentra en Belén!
 

Este es nuestro Salvador, Mesías y Señor, un Dios indefenso, hecho hombre como nosotros y que se ofrece en alimento, Él es pan partido y compartido. Nace en la ciudad de David, en Belén o mejor en Beth-Lehem es decir en la Casa del Pan.

Ir a Belén es comulgar con ÉL, alimentarnos de ÉL y compartirlo con los otros como lo hace María. Que lo fácil de encontrarlo nos lleve en esta Navidad a la contemplación de lo profundo de la señal.

Navidad es encontrarnos con los misterios de nuestra fe: El Señor Jesús que comparte nuestra existencia y nos invita a comulgar con él.


 Para todos un santo y feliz tiempo de Navidad.
Hna. Ana Francisca Vergara Abril O.P.

lunes, 15 de diciembre de 2014

PREPAREMOS LA SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DEL SEÑOR


PREPAREMOS LA SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DEL SEÑOR
CONTEMPLADO EL ICONO DE LA NATIVIDAD

Contemplar los iconos permite entrar en los misterios de nuestra fe y profundizarlos. La mayoría de ellos expresan en su escritura contenido de los evangelios y contenido de los textos apócrifos.
Con el icono de la Natividad entramos en la manifestación de Dios entre nosotros, en él encontramos una síntesis de nuestra fe en Jesucristo: su encarnación, muerte y resurrección. Contemplémoslo y analicemos algunos de sus elementos:

 
La montaña en forma piramidal: es la montaña mesiánica de la que Isaías nos dice: “El monte del Señor será erigido sobre la cima de las montañas y será más alto que las colinas” “Él agitará la mano hacia el monte de la hija de Sión, hacia la colina de Jerusalén”.” No se hará más daño ni mal sobre mi monte santo, porqué el país estará lleno del conocimiento del Señor” Is 2,2;10,32; 11,9. Cuando el monte presenta dos picos hace referencia a la doble naturaleza de Cristo: humana y divina.
La figura de María aparece en primer plano, la montaña es imagen de ella “El monte Sión que el ama”. Sal, 77(78), 68. Es la montaña que Dios se ha dignado elegir para su estancia”. Sal. 67 (68).17,4.
La gruta:  la gruta al centro muestra las entrañas de la montaña que intenta tragarse al recién nacido, representa el infierno y la muerte sobre la que está suspendido Cristo. se parece a la gruta abierta en los iconos de la Resurrección.
Desde el inicio de la vida de Jesús, la Iglesia lo proclama Vencedor de la muerte en la representación de su nacimiento. La cuna - sepulcro está suspendida sobre las tinieblas de la cueva, el infierno y la muerte.

La nube Los Apócrifos cuentan que “en el momento del nacimiento, la nube que recubría la cueva, se disipó y apareció una gran luz, que la vista no era capaz de mantener. Luego esa luz decreció lentamente y apareció el Niño” Protoevangelio de Santiago 19,2. La nube simboliza la Shekina, la presencia divina que está presente en lo escondido, una presencia misteriosa. Como la presencia de Dios que acompañaba a su pueblo en el éxodo, o la que está presente en  el bautismo y en la transfiguración de Jesús. La nube es también como la estrella que guía hasta la gruta a los sabios de Oriente, un rayo de su luz cae hasta el recién nacido.
 
La madre y el recién nacido: En el centro María simboliza a la humanidad que contempla de rodillas frente a la gruta del nacimiento al Señor que está presente en la entrada. María al contrario de Moisés en el monte Sinaí puede mirar cara a cara al Emanuel, Dios entre nosotros. Dios se ha hecho Hombre. Dios se hace visible y accesible al hombre. En esta montaña santa la humanidad contempla a la divinidad sin esconderse o cubrirse el rostro. Dios encarnado se hace cercano para que nos acerquemos a él sin miedo. María vestida con su maforion o manto, está signada con  las tres estrellas (frente y ambos hombros) que hablan de su virginidad antes, durante y después del parto.

El Niño en un sarcófago, un comedero, y envuelto en pañales: Jesús niño con rostro adulto, aparece amortajado como un muerto, quizás imagen de Lázaro. Los lienzos son, según el texto de Lucas, una señal para reconocerlo así como después de la resurrección las mujeres, Pedro y Juan reconocen al resucitado. Los pañales del Niño son imagen de las vendas mortuorias que después aparecerán esparcidas por el sepulcro cuando resucite. aquí esta ya evidenciado el gran misterio de la resurrección de nuestro salvados.  Nacemos para morir y resucitar con él.
 
Los ángeles: en la parte superior el grupo de ángeles canta: “Gloria a Dios en las alturas gran alegría ras y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”. Ellos hablan de la naturaleza angélica presente en el gran acontecimiento de Dios hecho hombre. Un ángel conversa con un pastor, entran en diálogo el mundo angélico y lo humano, le anuncia la gran alegría de la salvación, su mano hace el signo de la Encarnación-Trinitaria: dos dedos juntos y tres tocándose por las puntas. Su significado es la salvación viene del Dios Uno y Trino a través de la Encarnación de Cristo.
 
José: pensativo y apartado, frente a él un anciano tranquilo, vestido con pieles y apoyado en un bastón, que representa al diablo vestido con piel de cabra y que lleva a José a dudar. José es imagen del drama humano: el hombre ante el misterio. José tiene dudas... los apócrifos dicen que el diablo dice a José: “Como este bastón que yo llevo no puede producir brotes, del mismo modo un viejo como tú no puede engendrar y una virgen no puede alumbrar”.

El pastor - demonio: recibe el nombre de Tirso, que en la antigüedad era el bastón atribuido al dios Dionisio.

Los pastores: son imagen del pueblo “que caminaba en tinieblas y ve una gran luz”. Is 9,1.  Cerca al pastor de la derecha un niño toca una flauta, antítesis de la música celestial.

El buey y el asno: en la entrada de la gruta están presentes simbolizando a los gentiles. El buey representa el culto a Mitra y el asno la lujuria, representación de aquellos que teniendo el misterio de la Encarnación de Dios delante no saben verlo o no quieren verlo, de ahí que sus miradas inexpresivas se dirijan a un punto perdido.
 
Árbol: representa el tronco de Jesé de Is 11,1-2.
 
Los sabios de Oriente: debajo de los ángeles  están presentes los tres sabios de Oriente a caballo y guiados por la nube - estrella. Representan a los pueblos que la Nueva alianza incluye en su mensaje salvífico, todos los hombres, de todos los pueblos y de todas las condiciones tienen cabida en Cristo.   
Los sabios son como las mujeres que viene al sepulcro a ungir a Jesús, ellas son llamadas en la tradición miroforas, estos sabios son representados con las tres edades del hombre: joven, adulto y anciano, para decirnos que a cualquier edad estamos llamados a ir hacia el Salvador.

Las mujeres que bañan al niño: son dos mujeres presentes en el Protoevangelio de Santiago 19 y 20. La partera que afirma la maternidad de María y Salomé que afirma su virginidad, ellas colaboran bañando al niño. Según la tradición la comadrona es Eva que junto a Salome se ocupan del Niño. Eva da la vida mortal, María la Inmortal. María pone en manos de Eva la Vida Inmortal: su Hijo. El baño es una imagen del bautismo, se le baña en una pila bautismal.
 
Este icono sintetiza el contenido de nuestra fe y nos prepara a celebrar el gran acontecimiento de Dios que se humana y se acerca a nosotros.